lunes, 30 de mayo de 2016

Vaga costumbre de escribir sin sentido

Extraña está la habitación sin la costumbre. Extraño es el silencio en esta soledad que a ruidos sordos clama, con gritos ahogados intenta, en forma de llama, parecer un foco fundido en la oscuridad que esta noche nos regala.

Respiro el temor de lo perdido y la emoción del recuerdo. Hoy temo a lo que ya pasó, pero, sin duda alguna, me emociona recordarlo. Emociona recordar los momentos que serían y no fueron, aquellas cualidades disfrazadas de ilusiones… Parece ser que viviéramos de la ilusión, todos los días armando futuros aún no certeros y descuidando momentos que podrían valer oro a nuestra alma y a nuestra sencilla memoria, pero no… seguimos armando futuros aún no certeros.

El tiempo es egoísta; corre y corre, pero jamás se detiene. Hoy me duele su avanzar, pero, también me torturaría su detener. Muchos ven al tiempo como una estadística, pero no he visto estadística más injusta que esa: la felicidad suele ir en cortos intervalos, mientras que el dolor parece una eternidad… ¿es justo esto? El tiempo es egoísta; corre y corre, pero jamás se detiene. 

El tiempo avanza y la memoria retrocede. El tiempo es la estadística del olvido, así es como se quiere: construyendo ilusiones que queden de recuerdo, aunque el tiempo luego las haga un borroso tormento.

2 comentarios:

  1. EXCELENTE relato interior, Gustavo. Tal vez el paso del tiempo, ese recuerdo en la vejez nos muestra que esto es solo una etapa, un viaje, una transición más,o simplemente ese cambio deseado a la inmortalidad eterna. Un abrazo y gracias por compartir estos pensamientos de tu ser.

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  2. ¡Hola! Gracias por ese aporte y esas gratas palabras. Cuando el alma quiere desahogar, el cuerpo es un intermediario para hacerlo... escribir es mi caso.

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