martes, 12 de enero de 2016

La espera de un falso amor



La memoria es una cueva oscura y fría. La niebla no deja visualizar bien el recuerdo, pero el dolor se vuelve más intenso. Así no logre ver nada, el sentimiento quema vivamente el interior. 


El brillo del sol penetraba mi ventana, atravesaba la tela de mis cortinas y se adentraba en mis ojos cerrados, aun así, dejándome ciego. Me levanto. Me asomo por la ventana recostándome al marco de la misma. Veo en la lejanía la maravilla de la creación.

Me dirijo a la cocina, el hambre se apodera de mí. Abro el refrigerador, nada que comer. Mi cuerpo se vuelve una prisión del hambre. Estoy dispuesto a desaparecerla, pero no tengo con qué hacerlo. De pronto, un sonido extraño, proveniente del exterior, me envuelve en la curiosidad. Salgo, era sólo el movimiento de los árboles con el roce del viento. Vuelvo nuevamente a mi encierro.


En este encierro, sólo somos el silencio, el frío y yo. De repente, escucho otro ruido. Este no era el baile de los árboles al ritmo del tiempo y el viento.  Este era más fuerte y perverso. Parece un estruendo. Silencio. Viene por mí. Esperaba sentir aquel sonido en mi cuerpo. Tiemblo. Pienso. Al fin se presenta. Quiero recibir aquel visitante de la mejor manera. No quiero sentir tan fuerte su presencia. Me dirijo al mueble más cercano. Me dejo caer. Un frío me vuelve inmóvil. El sueño me transporta al vacío infinito y oscuro. Ahora navego por el tiempo. Puedo observar mi pasado. No recuerdo haber hecho muchas cosas de las que ahí se presentan, pero ya no importa. 


¿Qué es lo que ahora veo en este túnel del recuerdo olvidado? Es ella. Es hermosa. Ahora escribe con lágrimas rozando sus tiernas mejillas. Sigo contemplando aquel espectáculo ya ocurrido y vivido. El sentimiento de tristeza se vuelve más intenso. Ahora ella guarda lo que parece una carta en aquel libro. El libro que hoy conservo en mi biblioteca… Vuelvo a despertar.


Me pregunto qué ha sido eso. Parece que el pasado me quiere hablar de ella. Ya han pasado treinta años que dejé de verla. Corro a la biblioteca. Busco aquel libro. Justo en la mitad, encuentro una carta: Para Ángel. La abro y la leo. La carta decía esto:


12 de septiembre de 1956


Ángel, No debería escribirte en estos momentos, pero no habrá otra oportunidad que lo pueda valer. Hemos sido dos almas separadas por la vida y las cuales el destino ha intentado unir, un intento que hoy ha sido fallido. 


Yo sé que prometimos muchas cosas para nuestro futuro. Yo sé que la ilusión siempre fue nuestra batalla más luchada. Pero hoy me tengo que ir. Pienso que las cosas no debieron haber sucedido de la manera en cómo sucedieron, sino haber esperado otro tiempo.


—Suspiro confundido. Continúo—.


Hace una semana conocí a Gabriel. Podría hablar muchas cosas de él, pero no es lo debido. La cuestión es que me ha hecho ver las cosas de una manera diferente. Aunque, tú y yo, hubiéramos disfrutado muchos momentos juntos, él ha venido a hacerme conocer otra vida. Una vida más seria. Ambos sabemos tu problema. Yo sólo quería tener un hijo tuyo, pero la vida no te dio aquel don. 


No has sido un mal hombre, y seguro hubieras sido un gran padre, si lo hubieras podido ser. Hoy Gabriel me ha prometido amor en la eternidad. Hijos en esta vida. No te sientas mal. Yo lo estoy pasando terrible con este escrito. 


En unas horas nos iremos para siempre de estas tierras. Pensamos ir a vivir lejos de la civilización. No me busques, dudo que puedas ubicarnos. Esta carta será mi despedida. Esta dolorosa carta será mi sentencia al olvido. 


Ya encontrarás la mujer que te quiera tal cual. Debo irme, Ángel. Me voy con el recuerdo de tu voz, desvaneciendo tu recuerdo con el tiempo.


Te quiere, 


Stella.


Cierro los ojos. Suspiro nuevamente. 


Han pasado treinta años que me he preguntado por ella. Han pasado treinta años que no he hecho más que esperarla a ella. Guardaba mis ilusiones de volverla a encontrar. Mientras ella me dejaba por un hombre más. 


La casa, mi encierro, en la que ahora me encuentro, es la misma que ella quería cuando estaba conmigo. Este era su regalo. Un regalo que me condenó al olvido de la mujer que amaba. Hoy me encuentro solo y, de seguro, esta casa se irá conmigo el día de mi muerte.


¿Qué pasa ahora? Otro ruido. Un golpe proveniente de la segunda planta de la casa. Subo con dificultad. Me siento pesado. Silencio. Otro golpe. Al parecer proviene de la recámara que iba a ser de Stella y mía, al unirnos en el matrimonio. Atravieso el umbral. Ahí está la que iba a ser nuestra cama. Olvido el golpe y me siento a recordar nuevamente. Es muy cómoda. Me recuesto mirando al techo. Telarañas y polvo por todos lados. Otro frío me envuelve. Ahora sí estoy preparado. Me siento agotado. Cierro los ojos. No veo ni oigo ni siento nada. Ya vino por mí. Me voy con el dolor del recuerdo. Me voy amándola a ella. Me voy no siendo más que nadie…


© Gustavo Malagón (2016)

9 comentarios:

  1. wow!! Esto ha sido autoría tuya Gustavo?? Me ha encantado, espero poder leer más cosas así por aquí.

    Por cierto, te he nominado para un Liebster Award, pasa por aquí para que veas de qué trata:

    http://scattsreadinglist.blogspot.com/2016/01/liebster-awards.html

    Saluditos!

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    1. ¡Hola! Primero que todo, quiero agradecerte a ti por haber pasado por este escrito, por haber regalado a mis ideas hechas letras un tiempo de tu vida y tendrás algunos otros escritos, eso no lo dudes.

      Ahora, después de aquel primer agradecimiento, vuelvo y te agradezco enormemente, esta vez por haber nominado a Viajero Literario al Liebster Award. Será un honor cumplir con las condiciones de este premio.

      ¡Abrazos!

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  3. ¡Target! Hace mucho que no leía esto, es decir que aparte de excelente hombre de reseñas eres un excelente escritor, créeme que deje el libro de lado por leer esto y era un libro muy bueno (y ya sabes lo que significa... O tal vez... O tal vez tengas una idea... Mejor dime si lo sabes o no) en verdad es genial leer estos textos, escribes de la forma en que me gusta... Eres grandioso.
    Nos veremos por aquí muy pronto.
    Besos ❤❤

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    1. ¡Hola! No sé qué es lo que haces para ver en este hombre un excelente reseñador y escritor, jajaja, pero créeme que sabes como hacer sonrojar con las palabras de halago que brindas. Te agradezco enormemente por el apoyo que me estás dando y nos seguiremos leyendo, eso es un hecho previsto. ¡Abrazos!

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  4. Me encantó!
    Tienes un gran talento, me encantaría poder leer más de tus escritos, sería fantástico.

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    1. Quería quedar en silencio, esperar que el tiempo me diera ciertas palabras de agradecimiento, pero veo que no ha surgido algo fenomenal para decirte.

      Por eso, de la manera más sutil, empezaré agradeciendo a ti por la afirmación que hiciste. No sabes lo inspirador que es cuando alguien lee tus escritos y les gusta. En cuanto al talento, no sé muy bien lo que sea, pero se lo debo a la imaginación y a los libros que han hecho, de esta última, un elemento fundamental en mi vida.

      ¡Abrazos!

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  5. WOw Gus. Que talento, me encanta como escribes.
    Dejame decirte que ya odié a Stella, como le va a decir eso. Escribes tan bien, que lograste transmitirme algo.

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    1. No sabes lo feliz que me has hecho con tu comentario. Gracias por haberte pasado por este escrito, estas palabras y estos pensamientos. Me alegra bastante que hubiera podido transmitirte algo.

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Agradezco inmensamente su apoyo y sus comentarios. Cabe resaltar que, para no tener inconvenientes, no se permite el spam, para ello hay una entrada especial. ¡Abrazos!